jueves, 19 de enero de 2012

LECTURAS MATEMÁTICAS: La familia Gordón Manteca

Pedro Gordón Manteca, de premonitorios apellidos, estaba gordo. No podía negarlo, aunque quisiera, y mucho menos disimularlo, aunque lo intentara vistiendo siempre de negro y caminando de perfil por la calle. Su desesperación comenzaba cada mañana, cuando el espejo y la báscula, crueles, le gritaban la verdad a la cara: ¡Estás gordo, gordísimo, mismamente una foca!. Y para colmo, le acababan de regalar una báscula parlante, de esas que, además de señalar el peso en una pantalla, una voz metálica dice tu peso en voz alta. La primera vez que se subió en la báscula lo hizo ilusionado con el estreno. Pero su ilusión duraría bien poco ya que, nada más subirse encima, después de un sospechoso crujido de muelles, se oyó la voz, más angustiada que metálica que decía: ¡Por Dios! Súbanse de uno en uno.
Para quitarse la depresión, desayunó 4 huevos fritos acompañados y bien acompañados con un kilo de morcilla de Burgos, untado todo con una generosa cantidad de pan y 3 cafés con leche.
Pedro Gordón Manteca estaba casado con Teresa Oronda Grande que tenía, centímetro más o menos, la talla y contorno de su marido, aunque no su complejo ya que, inteligente y equilibrada, decidió no deprimirse a partir de usar la talla XXXXXLLL.
Teresa y Pedro tenían 3 hijas y 2 hijos que, en vez de heredar una finca en Extremadura, por ejemplo, heredaron el metabolismo y la tendencia a engordar de la que eran buenos representantes sus padres. Y es que el lamento general de la familia era: ¡Nos engorda hasta el agua! (Lo que no confesaban era que acompañaban al vaso de agua con un bocadillo de chistorra frita.)
Los 5 hijos, alertados por los lamentos de su padre cada vez que se pesaba, decidieron pesarse en grupo, para disimular, pero en la balanza industrial que tenía la tienda de la esquina, ya que la báscula parlante pedía auxilio y retrocedía hasta la pared cada vez que solos, o en grupo, entraban en el cuarto de baño.
Una mañana, las 3 niñas bajaron a la tienda a comprar 3 docenas de huevos y 5 kilos de patatas para hacer una tortilla -tamaño familiar- y el tendero, después de servir la mercancía, les dijo, señalando a una clienta que hablaba con él:
-Esta señora y yo hablábamos, precisamente, de vosotras y...
-Claro, diciendo que estamos como focas –dijo la hermana mayor, interrumpiendo al tendero.
-Pues no, aunque sí. Nos preguntábamos cuántos años tendríais.
-Pues las edades de nosotras 3 -contestó la hermana mediana, que de mediana no tenía nada- bien sumadas dan lo mismo que 3 veces la mía, y multiplicadas equivalen a 12 veces mi edad.
-Pero bueno, ¿cuántos años tenéis cada una? –preguntó la clienta.
-Pues ya se lo ha dicho bien claro mi hermana –contestó la hermana pequeña, que sólo era pequeña en edad, que no en peso.
El tendero y la clienta no se molestaron en calcular las edades de las niñas, ya que se quedaron con la duda de si no les habrían tomado el pelo, así que el tendero preguntó:
-A ver, ¿qué más quieren The fat sisters?
- ¡Cuidadito! Que sabemos inglés, elderly and stupid shopkeeper –dijeron las 3 a la vez.
En ese momento entraron en la tienda los 2 hermanos que, después de saludar, le dijeron al tendero:
-Venimos a pesarnos, que hemos hecho régimen 10 minutos y queremos ver los resultados. Pero antes queremos pesarnos con nuestras hermanas, los 5 juntos.
-¿Por qué? -preguntó el tendero.
-Porque hemos descubierto que pesándonos de 2 en 2 e intercambiándonos de uno a uno cada vez, sabremos el peso de los 5 gastándonos solamente una moneda –dijo el hermano pequeño, sujetándose los pantalones, convencido de que en los 10 minutos de régimen había rebajado una talla.
-Además, hemos comprobado -dijo la hermana mediana- que pesándonos a pares pesamos 89 kilos, 85, 84, 83, 82, 81, 80, 78, 76 y 74. Y además cada uno de nosotros pesa más que el que le sigue en edad.
-No entiendo nada –dijo el tendero.
- Pues es muy fácil, lo que pasa es que usted sabrá mucho inglés, pero lo que es matemáticas..., bueno, a lo hemos venido: queremos pesarnos en la superbáscula.
-Muy bien. ¿Queréis un caramelo? Pero solamente UNO –recalcó el tendero, antes de que le pidieran 20 o 30, poniendo uno de los paquetes de caramelos sobre el mostrador.
-Espere, ¿de qué sabor son los caramelos?
-Los tengo de naranja y de limón. Un paquete de cada.
-¿Y ese tercer paquete?
-En ese están mezclados de naranja y de limón. Es que acabo de recibir 3 paquetes de caramelos, con 100 caramelos cada paquete. En el primer paquete hay caramelos de naranja, en el 2º de limón y en el 3º mezclados, mitad y mitad: 50 de naranja y 50 de limón. Lo que pasa es que las 3 etiquetas de los 3 paquetes han venido, por error, cambiadas. Entonces, no sé cuántos caramelos tendré que sacar como mínimo para averiguar el contenido de cada paquete. A ver, vosotros que sois tan listos, averiguadlo.
-Es muy facil: 32 –contestó la hermana pequeña.
-No le engañes –le advirtió el hermano mayor.
-Bueno..., pues 23.
-No le haga usted caso, que mi hermana es muy bromista.
-Entonces, ¿cuántos caramelos tendré que sacar? –preguntó el tendero.
-Se lo decimos si nos regala los 300 caramelos –propusieron los 5 hermanos al mismo tiempo.
El tendero, por supuesto, no aceptó el trato, así que los 5 hermanos se pusieron en fila dispuestos a pesarse en la superbáscula. En ese momento entró en la tienda la madre que, arrobada, contempló cómo sus hijos se pesaban. Cuando terminaron la complicada operación, les preguntó:
-A ver, hijos míos; ¿cuánto pesáis?
-Seguro que el señor tendero podrá responderte, ya que le hemos dado todos los datos para averiguar cuánto pesamos cada uno de nosotros.
-Si..., claro..., por supuesto..., pero ahora es que no tengo tiempo. Y, por cierto, ¿cuántos años tienen las niñas? –preguntó el tendero, cambiando de conversación.
-¡No se lo digas, mamá! Que también le hemos dado todos los datos para que lo averigüe –gritaron las 3 niñas.
-Es cierto –reconoció el tendero- pero es que son ustedes muy complicados. La verdad es que no me he enterado ni cuántos años tienen las 3 niñas, ni cuánto pesan los 5.
-Bueno, es que a nosotros, además de la fabada, nos gustan mucho los juegos y los cálculos matemáticos –dijo la madre, muy orgullosa de sus hijos.
-Claro, claro. En fin, ¿qué desea usted, doña Teresa?
-Vamos a ver... póngame manzanas, peras, melocotones y...
-¡Espera, mamá! -exclamó la hija mayor- déjame a mí.
-Muy bien, hija, adelante.
-Atención, señor tendero: si 3 manzanas y un melón pesan lo mismo que 10 melocotones, y 6 melocotones y una manzana pesan lo mismo que un melón. ¿Cuántos melocotones serán necesarios para equilibrar un melón?
El tendero, furioso, no lo dudó más, y convencido de que en esa familia, además de estar gordos, no estaban en su sano juicio, exclamó:
-¡Marchando 10 kilos de manzanas, 15 de melocotones y 5 de peras! –añadiendo, con sorna- Bueno, con esto ya tendrán ustedes por lo menos hasta la noche. Y procure que los niños coman mucha fruta, no sea que les ataque la anemia perniciosa, que los noto como desfallecidos.
Doña Teresa y sus hijos salieron de la tienda. Y el tendero y la clienta vieron como, en la misma puerta, la madre reñía a los niños porque ya se habían comido todas las peras. Lo último que oyeron es que la hermana mayor, con la boca llena, reñía al hermano pequeño, diciéndole:
-Cómo tengo que decirte que no te comas los melocotones de 3 en 3, que un día te vas a atragantar.



Autor: Joaquín Collantes



COMENTARIO DE TEXTO

1.      Escriba un resumen del fragmento leído.

2.      Escriba un comentario en el cual valore el texto leído.

3.      Invente un título distinto para el texto.

4.      Realice una pequeña redacción manifestando su postura ante la necesidad de alimentarse de forma equilibrada y sana.

5.      Intente resolver los  problemas que se plantean en el texto.

viernes, 13 de enero de 2012

LECTURAS MATEMÁTICAS: Forrest y Gamp, funambulistas

Forrest y Gamp eran funambulistas, con más valor que luces, más ilusiones que fama y con la cabeza tan llena de proyectos como vacío el bolsillo de dinero.
Aquel día llegaron a Zaratán, un pueblo cercano a Valladolid, dispuestos a representar su espectáculo en la Plaza Mayor del pueblo, contratados por el ayuntamiento para amenizar las fiestas patronales. Lo primero que hicieron fue ir a almorzar a un mesón y se encontraron con que no pudieron comer ya que el camarero estaba empeñado en colocar cuatro sillas en cada una de las 12 mesas que había en el comedor con la dificultad añadida de que solamente tenía 47 sillas. Así, cuando tenía sentados a todos los clientes, cuatro en cada mesa y llegaba a la última de las 12 mesas se desesperaba al ver que allí solamente había 3 sillas, así que hacía levantarse a un comensal de la mesa más cercana rogándole que se sentara en la última mesa con su silla, encantado de haber resuelto el problema de que cada una de las 12 mesas tuviera sus 4 sillas.
Pero su alegría duraba poco, ya que cuando se disponía a servir la mesa número 12 se dio cuenta de que en la mesa número 11 faltaba una silla, con lo cual se dirigió a uno de los clientes de la mesa número 10 para rogarle que se trasladara a la mesa número 11... y otra vez contento. Hasta que se dio cuenta de que el problema se repetía en la mesa 10 y después en la 9, y en la 8, hasta que retrocedió hasta la primera mesa para comprobar, desesperado que solamente tenía 3 sillas. Y vuelta a empezar.
-Ese camarero es un poco corto. No se ha dado cuenta de que necesita una mesa más y cinco sillas nuevas para resolver su problema y así el comedor tendrá 13 mesas y 52 sillas –dijo Forrest, que había contemplado el trajín del comedor desde la barra.
-No seas bruto, no ves que no cabrían en el comedor, –exclamó Gamp- lo que hay que hacer para resolver el problema es tirar por la ventana una mesa y tres sillas, y así todo arreglado.
Dejaron sus copas sobre la barra, se acercaron hasta la mesa número 1 y, muy amables, les rogaron a los tres comensales que en ella almorzaban:
-Nos permiten, por favor; ¿Pueden levantarse un minuto?
Las tres sillas y la mesa con su mantel, sus servilletas, sus platos, cubiertos, copas, panecillos, salero y la botella de vino de Rueda recién servida fueron a parar a la plaza a través de la ventana abierta, ante el estupor de los que llenaban el comedor aunque con la alegría del camarero, tan inteligente como ellos, que así vio resuelto su problema: 11 mesas cada una con 4 sillas.
No pensó lo mismo el dueño del mesón ni la guardia civil mientras los conducía al cuartelillo por alterar el orden público y por declararse insolventes ante el estropicio, apuro del que les sacó el alcalde pagando los desperfectos con tal de que actuaran en la plaza y de que le devolvieran el dinero prestado de lo que les pagaría por la actuación.
Ya en la plaza y al desembalar el material necesario para su actuación, Forrest descubrió que uno de los 2 postes que utilizaban estaba roto por la mitad.
Su número consistía en colocar dos postes perpendiculares al suelo, bien verticales y sujetos con tirantes al suelo, uno más alto que el otro, uniendo ambos postes en su extremo superior con 2 cuerdas sobre las que ellos andarían, partiendo uno de cada extremo hasta encontrarse en el medio, con la dificultad añadida de la inclinación de las cuerdas, al ser distinta la altura de los postes. Forrest siempre escogía ir cuesta abajo y Gamp, a regañadientes, aceptaba ir cuesta arriba, pero siempre se encontraban en el centro exacto de las cuerdas.
Ahora, desolados, miraban el poste roto hasta que Gamp dijo:
-Reaccionemos, Gamp. Si el poste está roto, no trabajamos; si no trabajamos no cobramos, si no cobramos no pagamos nuestra deuda y si no pagamos nuestra deuda pasamos una noche, por lo menos, en la cárcel.
-Muy bien, pero, ¿qué propones?
-Que vayamos a un carpintero para que nos haga un nuevo poste.
-Muy bien. Pero, ¿cuánto medía el poste que se ha roto? –preguntó Forrest.
-El poste que no se ha roto mide 15 metros. Y el que se ha roto no me acuerdo exactamente cuánto medía.
-¿Sabes cuánto mide el poste que está bien y no te acuerdas cuánto medía el poste que se ha roto?
-No, no me acuerdo, pero sí recuerdo que medía cinco veces y media lo que yo mido más 4 centímetros y medio–contestó Gamp.
-Pero, ¿tú eres idiota? ¿No sabes lo que medía y sabes todo eso tan difícil?
-Sí, ya sabes que yo soy muy listo para estas cosas. A ver, déjame una calculadora.
-No tengo.
Empezaron a pedir una calculadora a todo el que pasaba por la plaza hasta que un inspector de Hacienda les dejó la suya.
-Pero se la dejo con una condición: que me ayuden a resolver este problema:
¿Cuántos números de dos cifras hay que al dividirlos por la suma de sus cifras nos dé exactamente 7, ni más ni menos?
-¿Eso es todo? –preguntaron los dos funambulistas a la vez.
-Bueno, puedo añadir que en un número de 2 cifras no puede aparecer el 0 en la cifra de las decenas.
-Ah, bueno, así es mucho más fácil.
-¿Sí? ¿Pues díganme como lo resuelvo? –preguntó el inspector.
-Eso es cosa suya, que lo nuestro es averiguar cuánto medía el poste que se nos ha roto, que si no, no podemos trabajar.
Forrest y Gamp se aprestaron a resolver el problema calculadora en mano mientras el inspector de Hacienda, sentado en un banco, le daba vueltas a su problema mientras revisaba 7.350 declaraciones de la renta sospechosas de contener datos manipulados, que para eso están los inspectores, para sospechar.
-A ver- preguntó Forrest, calculadora en mano- ¿Cuánto mides?
-1 metro 81 centímetros.
-Muy bien. Vamos a ver: lo que mides, por la cantidad que dijiste, más los centímetros que añadiste, total... ¡Ya está! El poste mide eso de largo –concluyó, orgulloso, Forrest.
-¿Seguro? –preguntó Gamp.
-Seguro.
-¿Por qué no lo repasas?
-No hace falta: el poste mide eso.
.¿Cuánto?
-Pues todo eso de largo.
-No, de largo, no. De alto –dijo Forrest.
-Es verdad, que tonto soy.
-Eso es –dijo Gamp- ahora me acuerdo, el poste roto medía justo eso, lo que tú has calculado.
-Pero si no sabes cuánto ha sido.
-Ya, pero tengo mucha confianza en ti.
A las 2 horas ya tenían el nuevo poste preparado y bien sujeto con tirantes al suelo. Forrest trepó por el poste nuevo para atar arriba del todo el extremo de una de las cuerdas. Y se bajó para atar el extremo de la otra cuerda en lo alto del poste de 15 metros. Siempre lo hacía así: primero el extremo de una cuerda y luego el de la otra, para volver a subir otra vez al primer poste y otra vez al segundo, como precalentamiento, mientras Gamp, más vago, miraba desde abajo.
Pero esta vez, cuando Forrest bajó del segundo poste, amarrados ya los extremos de las dos cuerdas a los extremos de los dos postes, se encontró con que Gamp había atado el otro extremo de cada una de las cuerdas al comienzo del poste contrario, junto al suelo. Las dos cuerdas bien tensas se cruzaban formando un aspa, el signo de la multiplicación.
-Pero, ¿eres idiota? ¿Qué has hecho?
-He inventado un nuevo número, así bajaremos los dos hasta encontrarnos en el medio, que ya estoy harto de que tú bajes y yo suba.
-Y, ¿a qué altura nos encontraremos ahora? Es decir, ¿a qué altura del suelo se cruzan las cuerdas?
-¡A más de 5 metros de altura del suelo!
-Y, ¿cómo lo sabes?
-Porque mientras atabas las cuerdas y subías y bajabas, le pedí otra vez la calculadora al inspector de hacienda y he calculado bien calculada la altura: más de 5 metros del suelo.
-¿Seguro?
- Seguro.
- ¿Pero cuánto más?
- Pues...No me acuerdo
-Y, ¿qué distancia separa a los dos postes?
-Ah, ni idea.
-Bueno, déjense de discusiones y que empiece la función –dijo el alcalde dando dos palmadas- que el público espera.
Y Forrest y Gamp treparon cada uno a su poste dispuestos a empezar la función, pero pensando cómo se las arreglarían para saber qué distancia había entre los dos postes para colocarlos así en la próxima función, ya que tenía razón Gamp, admitió Forrest: así es más emocionante el número.
¡Ale, hop!
FIN

Autor: Joaquín Collantes


COMENTARIO DE TEXTO

1.      Escriba un resumen del fragmento leído.

2.      Escriba un comentario en el cual valore el texto leído.

3.      Realice una lista con cinco palabras que haya aprendido en este texto, explicando cuál es el significado de cada una de ellas.

4.      Componga una pequeña redacción en la que explique su opinión sobre el problema del camarero; … ¿cómo lo resolvería?

5.      Intente resolver los  problemas que se plantean en el texto.